Hacer conjeturas sobre aquello que pudo haber sido, aún sabiendo que se trata de una gran pérdida de tiempo y energía, es también una de mis dedicaciones favoritas.

Últimamente me preguntaba qué hubiera pasado si en lugar de construirse el Museo Guggenheim se hubiese construido el Cubo de la Alhóndiga. Recordemos este malogrado proyecto de finales de los 80:  sobre el viejo edificio de la Alhóndiga se iba a edificar un colosal cubo de cristal que iba a albergar un Museo de Arte Contemporáneo, una gran biblioteca, el conservatorio, etc. Nació del empuje del Ayuntamiento de Bilbao, de su alcalde entonces, mi padre, Jose Mari Gorordo y contó con la creación artística de los arquitectos, Fullando y Saénz de Oiza, y el escultor Jorge Oteiza….  También contó con bastantes detractores como el entonces consejero de Cultura Joseba Arregui, el entonces lehendakari Jose Antonio Ardanza, el Colegio de Arquitectos Vascos o algunos vecinos de Indautxu que se oponían porque creían que ya nunca más verían el sol debido a la gigantesca sombra que iba a proyectar el Cubo, iniciándose así una especie de oscura era de glaciación.

Al final, como el cubo no se hizo tampoco llegó el apocalipsis.

Mi amigo, Iskandar Rementería realizó un exhaustivo documental acerca del Cubo que se presentó en la edición de Zinebi del 2008.

Siguiendo con la historia, mi padre (en la foto junto a la maqueta del cubo), dimitió como alcalde de Bilbao en diciembre del 90 y al año siguiente publicó un libro en el que lo contó todo (La política de otra manera) y expresó, de paso, su ideario político y 5 años después, ya saben, llegó el gran Museo de Arte Contemporáneo: el Guggenheim Bilbao Museoa, motor del nuevo Bilbao y tuvimos un final feliz…

Pero volviendo al presente, como paso todos los días por Alameda Urquijo a la altura de la Plaza Arriquibar, he seguido muy de cerca las obras de la antigua Alhóndiga que ha abierto por fin sus puertas el pasado 20 de mayo después de 10 años de duro trabajo (se tuvo que reforzar la fachada y acondicionar el recinto, primero se construyó un parking y luego se rediseñó el interior por el francés Philippe Starck).

(Hay otra Alhóndiga, por cierto, en Rekalde, a los pies del Pagasarri, donde se forjan los sueños de numerosos grupos de rock locales… Pero ya hablaremos de esa Alhóndiga y de sus locales de ensayo subterráneos en otro momento).

El nuevo recinto AlhóndigaBilbao conserva la fachada de estilo modernista de la construcción que fue proyectada por el arquitecto Ricardo Bastida a principios del siglo XX. Se supone que el centro se convertirá en el referente de la cultura urbana de Bilbao. 

El punto de encuentro ineludible del nuevo Bilbao con restaurante, cines, salas de exposiciones, biblioteca, gimnasio, piscina etc. Una nueva forma de entender la vida urbana: un lugar donde poder cultivar, a la vez, el cuerpo y el alma. Qué potito…

A pesar de que tenga argumentos para estar entusiasmado con la AlhóndigaBilbao, como por ejemplo que los cines Golem serán una plataforma de difusión de cine europeo y paliarán el cierre de los cines Renoir, los Capitol y los Multis; o porque el restaurante de Ricardo Pérez tendrá precios más asequibles que su restaurante Yandiola (en Campo Volantín) en general, no dejo de pensar en qué hubiera sido de Bilbao, de Vizcaya o de mi de haberse construido aquel Cubo de la Alhóndiga.

Tal vez, en efecto, no hubiéramos visto la luz del sol en estos últimos 20 años….

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